Desde 2020 se produjeron 140 roturas de ligamentos cruzados en el fútbol argentino
Para analizar el preocupante fenómeno creciente en todas las categorías, se habló habló los doctores Donato Villani y Pablo Serpentiello, especialistas con amplia trayectoria en medicina deportiva. Ambos dieron su parecer sobre los factores a tener en cuenta para encontrar respuestas sobre el estado físico de los jugadores. Juan Carlos Portillo y Fernando Juárez, los últimos en sufrirlo.
El fútbol argentino suma una nueva señal de alarma. Las recientes confirmaciones médicas sobre las lesiones de Juan Carlos Portillo y Fernando Juárez volvieron a poner el foco sobre una problemática que se repite con preocupante frecuencia: las roturas del ligamento cruzado anterior (LCA).
Con estos dos nuevos diagnósticos, la cifra de futbolistas que atravesaron esta grave lesión desde finales de 2020 hasta la actualidad alcanza los 140 jugadores en la Primera División.
Se trata de un número que impacta no solo por su magnitud, sino por la continuidad con la que se presentan los casos temporada tras temporada. De hecho, en apenas el transcurrir desde finales de diciembre a la fecha ya son 6 los jugadores que tienen o tuvieron que pasar por el quirófano para empezar el proceso de vuelta a las canchas.
La lesión de cruzados implica, en el 99,9% de los casos, la necesidad de intervención quirúrgica y un tiempo estimado de recuperación que ronda entre ocho y once meses, dependiendo de la evolución y del tipo de cirugía realizada. Pero más allá del aspecto clínico, el debate se centra en por qué el fenómeno parece haberse intensificado en los últimos años.
La mirada de Donato Villani: “No hay un hecho determinante”
En diálogo exclusivo con Doble Amarilla, el director médico de la Selección argentina, Donato Villani, analizó el contexto actual y pidió prudencia al momento de sacar conclusiones.
“Está todo muy lleno de subjetividades. En medicina es muy difícil objetivar algo sin hacer un estudio de al menos diez años. Hubo grandes cambios en el fútbol en los últimos veinte años, en la forma de jugar, y también en la manera de diagnosticar”.
Villani explicó que, si bien la mecánica de la lesión es conocida —una rodilla en semiflexión con rotación puede provocar la ruptura—, no existe un factor único que explique el aumento de casos. “Muchos hablan de la velocidad del juego, otros de los botines, otros del estado de los campos, otros de la exigencia desde edades tempranas. Pero no hay un hecho determinante que explique el aumento de lesiones”.
En relación con el calendario apretado, el médico fue claro: “Puede haber más incidencia porque hay más partidos, pero eso no significa que un jugador por jugar más tenga mayor probabilidad de romperse el cruzado. No está demostrado”.
En tanto, sobre el tratamiento actual, Villani descartó casi por completo la posibilidad de evitar el quirófano: “Hoy, en el 99,9% de los casos se necesita cirugía. Existe un porcentaje mínimo de jugadores que pueden competir con el ligamento roto, pero a nivel profesional es casi imposible”.
Respecto a los plazos de recuperación, advirtió sobre los riesgos de acelerar los tiempos: “Entre los ocho y once meses es cuando el injerto se ligamentiza. Adelantar la vuelta es muy arriesgado, porque puede incidir en una nueva ruptura”.
El especialista también aclaró que, cuando la lesión es aislada y no compromete meniscos u otras estructuras, el pronóstico suele ser mejor. Sin embargo, cuanto mayor es el daño en la rodilla, más complejo es el futuro deportivo del jugador.
Más allá de lo físico, Villani hizo hincapié en un aspecto determinante: la recuperación mental. “Un jugador está de alta cuando vuelve a jugar en el mismo nivel y en el mismo lugar que antes de lesionarse. Toda acción traumática deja una huella psicológica”. ¿Qué quiere decir? Que el jugador está de alta cuando juega en la misma categoría y en el mismo lugar que antes de lesionarse. Ahí hay implícito un montón de cosas en ese comentario, porque toda acción traumática que tenemos en nuestra vida hace que cuando pasemos por esa cuestión estemos psicológicamente afectados.
Además remarcó que: “Si un jugador se rompe el ligamento cruzado psicológicamente, es lógico que, después de siete u ocho meses de recuperación, después de una cirugía tan importante, y después de seguramente haber perdido su puesto, piense que eso va a traer alguna alteración psicológica. Por eso también es muy importante trabajar psicológicamente; muy importante el trabajo de la familia y el trabajo del club en estos temas”.
La visión de Pablo Serpentiello: prevención, tiempos reales y una lesión cada vez más frecuente
El ex médico de Colón, especialista en traumatología, ortopedia y cirugía de rodilla, Pablo Serpentiello, también analizó el fenómeno y coincidió en que no existe una causa única que explique el aumento de las roturas de ligamento cruzado anterior en el fútbol argentino.
Para el especialista, si bien no hay un factor determinante, sí existen aspectos del entrenamiento que pueden ayudar a reducir riesgos: “Siempre hay cosas a corregir. El trabajo de la zona media es fundamental, el trabajo de la propiocepción es importante. Cada vez se le da más importancia a esto en los entrenamientos y por ahí es una forma de prevenirlo. Pero no hay todavía una causa detectable que sea la causa fundamental de las lesiones”.
Serpentiello también fue categórico respecto a uno de los grandes mitos en torno a la recuperación: el regreso a los seis meses, y coincidió con el Dr. Villani en cuanto al proceso y los tiempos: “Se habla siempre del período de seis meses de recuperación, pero esto ya no es así a nivel mundial. Se habla de ocho, diez meses e incluso hasta un año para el retorno al campo deportivo. No está bien que un jugador vuelva a los seis meses de una lesión de ligamento cruzado anterior”.
En esa línea, explicó que la inestabilidad de la rodilla es incompatible con los deportes de pivoteo, como el fútbol: “Con inestabilidad no podés hacer deporte de pivote. Podés correr, nadar o ir al gimnasio, pero si jugás con una rodilla inestable podés volver a lesionarte y dañar estructuras como meniscos, cartílago u otros ligamentos, lo que complica la cirugía y alarga la recuperación”.
Sobre la posibilidad de evitar el quirófano, aclaró que solo algunos casos muy puntuales pueden evolucionar sin cirugía: “Hay estudios en lesiones parciales que muestran regeneración, pero cuando la ruptura es total y hay inestabilidad, no hay chance de cicatrización por el líquido articular”.
El especialista recordó que el ligamento cruzado anterior es una de las lesiones más importantes y frecuentes en deportes de giro y cambio de dirección, como el fútbol, el básquet o el vóley. Y destacó un dato relevante: la mayoría de los casos se producen sin contacto, es decir, de manera indirecta. “Muchas lesiones se dan ante un cambio de dirección, como ocurrió en el caso de Portillo. La mayoría son indirectas, sin choque”.
Entre los pocos factores en común detectados en estudios internacionales, mencionó que las lesiones suelen darse más en jugadores defensivos y en los primeros minutos de entrenamientos o partidos. Además, advirtió sobre la evolución del juego.
“Los entrenamientos son más cortos pero más intensos y se juega a mayor velocidad. Eso, sumado a que la mayoría de las lesiones son sin contacto, nos da la pauta de que el juego es más físico y explosivo”.
Finalmente, marcó una preocupación creciente: la aparición de esta lesión en edades cada vez más tempranas: “Se están viendo muchas lesiones en pacientes de 10 u 11 años. Eso cambia el futuro del deportista y de la rodilla, porque son chicos que todavía tienen mucho crecimiento por delante y eso hace que la cirugía y la recuperación sean más complejas”.
Con las opiniones de Donato Villani y Pablo Serpentiello, el panorama es claro: las 140 roturas de ligamento cruzado anterior registradas desde 2020 no responden a una causa única ni sencilla de identificar. El fútbol es hoy más veloz, más intenso y más exigente, pero la medicina todavía no encuentra un factor determinante que explique el aumento.
Mientras tanto, la prevención, el respeto por los tiempos reales de recuperación y el trabajo interdisciplinario aparecen como las herramientas más sólidas frente a una lesión que sigue marcando el pulso del fútbol argentino.
FUENTES/FOTOS: DOBLE AMARILLA/PRENSA CC

